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Gestión de casos4 min de lectura

Los primeros 10 minutos con un expediente que no es tuyo

Un método para decidir si tomas un caso nuevo antes de haberte comprometido con él.

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Los primeros 10 minutos con un expediente que no es tuyo

Llega un cliente nuevo con una bolsa de papeles. O un colega te transfiere un caso. O te llaman de una empresa: "tenemos un proceso, ¿lo puedes ver?".

Y ahí empieza el problema real, que no es legal: es de información. Tienes que decidir si tomas el caso —con qué honorarios, en cuánto tiempo, con qué riesgo— sobre la base de un expediente que no conoces, que probablemente está incompleto, y que alguien más venía manejando con criterios que no son los tuyos.

La mayoría de abogados resuelve esto de una de dos formas malas: dice que sí rápido y descubre el problema después, o se pasa dos tardes leyendo gratis para recién poder cotizar.

Hay una tercera. No es leer todo: es leer en orden.

El orden importa más que la exhaustividad

Un expediente no se lee de la primera página a la última. Se lee desde el final hacia atrás, y desde lo que decide alguien hacia lo que alguien pide.

Estos son los cuatro cortes, en este orden:

1. La última resolución del juzgado

No la primera. La última.

Te dice tres cosas de golpe: en qué etapa está realmente el proceso, qué decidió lo último quien tiene el poder de decidir, y —crítico— si hay algo corriendo ahora mismo.

Si la última resolución abre un plazo que está en curso, todo lo demás pasa a segundo plano. Acabas de descubrir que este caso no es una evaluación tranquila, es una urgencia.

2. Qué se pide, exactamente

Vuelve a la pretensión. Léela literal, no de memoria ni por lo que te contó el cliente.

La brecha entre "lo que el cliente cree que se está discutiendo" y "lo que efectivamente se pidió" es, con enorme frecuencia, donde vive el problema del caso. Un cliente puede estar convencido de que se discute su responsabilidad, cuando lo que está en juego hace rato es solo el monto.

3. Quién es quién

Partes, representantes, y sobre todo: quién ha estado firmando los escritos.

Esto último te dice cosas que nadie te va a contar: si hubo varios abogados antes que tú, si hubo períodos largos sin actividad, si los escritos los venía firmando alguien que ya no está.

4. Los montos y las fechas que se repiten

Anota toda cifra que aparezca más de una vez y toda fecha que se cite en más de un documento. Esas son las que el proceso considera establecidas. Si un monto aparece distinto en dos documentos, acabas de encontrar algo que vale la pena entender antes de opinar.

La pregunta que resuelve la decisión

Después de esos cuatro cortes —que honestamente toman diez o quince minutos, no dos tardes— ya puedes responder la única pregunta que importaba:

¿Qué es lo peor que puede pasar aquí, y cuándo?

Si la respuesta es "nada urgente, el riesgo es acotado, entiendo qué se discute", tienes un caso evaluable y puedes cotizar con criterio.

Si la respuesta es "no sé", todavía no es un caso: es una investigación. Y eso también se cobra, o al menos se declara, en vez de asumirlo como parte de la cortesía comercial de conseguir un cliente.

Lo que realmente cuesta caro

Nadie pierde plata por tomarse quince minutos de más en evaluar.

Se pierde por lo contrario: por comprometerse con un caso cuyo verdadero estado descubres tres semanas después, cuando ya diste una expectativa al cliente, ya fijaste un honorario, y ya es incómodo corregir el rumbo.

El costo no es el tiempo de leer. Es el precio de haber opinado antes de leer.

Cuando el expediente es grande

Todo lo anterior funciona bien con un expediente de cincuenta o cien páginas. Con uno de mil, el método sigue siendo correcto pero deja de ser practicable a mano: encontrar "la última resolución" implica ubicarla entre cientos de documentos, y "los montos que se repiten" es una tarea que a mano simplemente no se hace.

Ahí es donde tiene sentido apoyarse en herramientas que hagan la primera pasada —ordenar cronológicamente, extraer partes y montos, señalar plazos— para que tú llegues directo a los cuatro cortes en vez de gastar el tiempo llegando hasta ellos.

Pero el orden de lectura no cambia. Solo cambia quién hace el trabajo de encontrar las páginas.


Este artículo describe criterios prácticos de organización del trabajo profesional, no constituye asesoría legal.

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